A lo largo de la aventura pasamos momentos difíciles, sin embargo, el de la travesía por el desierto es el peor de todos, en especial, en un momento determinado que hemos llamado la “noche oscura”, en la que parece que todo se rompe y que puede durar minutos, horas o días. Entras en el desierto cuando cruzas el umbral, es decir, cuando se caen tus negaciones y miras cara a cara a tu sombra o a aquella situación que tanto te duele. Ese es el gran desafío, con el que no todo el mundo se atreve. Ocurre cuando te sientes derrotado, cuando sencillamente no puedes negar más algo que te ha dolido (un despido, la tristeza de la pérdida afectiva) o cuando te enfrentas a la frustración de tus expectativas.

La magia de la noche oscura y de la travesía del desierto es que consiguen “barrer” tus seguridades y sólo, en ese preciso momento, es cuando eres capaz de explorar una nueva manera de ver la vida. Al igual que no hay alba sin noche, tampoco existe transformación ni aprendizaje sin humildad. Los caballeros medievales se arrodillaban para ser nombrados caballeros. El gesto de ponerse de rodillas simboliza precisamente la humildad, palabra que proviene de humus, tierra. Sólo cuando caes y te cuestionas profundamente – cuando eres humilde-, te abres a un proceso de descubrimiento interior y de transformación, aunque eso implique atravesar un desierto.

Yibrán Jalil Yibrán, poeta y pintor de origen libanés (1883-1937)