Aunque así lo quisiéramos, no todas las personas son una influencia positiva en nuestras vidas. Algunos, aún sin quererlo, afectan nuestro código de valores y nuestras metas más importantes. Es nuestro deber reconocerlos y frenar sus efectos.

La vida social en las grandes ciudades es intensa y compleja. Abundan los estímulos externos, los cambios rápidos e inesperados, las informaciones del más diverso tipo, y relaciones por lo general fugaces.

De esas relaciones, podemos rescatar algunas, especialmente las que se nos imponen por vecindad o proximidad geográfica o laboral, o las que elegimos por coincidencia de valores, objetivos similares y estilos afines en los gustos o el comportamiento.

Esas relaciones que nos vienen impuestas en forma de parientes, vecinos o compañeros de trabajo/estudios debemos aceptarlas y aprender a manejarlas de forma armónica. Las que elegimos por sintonía, aprecio o porque consideramos favorable para la satisfacción de nuestras necesidades, nos corresponde cultivarlas y darles continuidad.

Dentro de esas relaciones, no todas resultan beneficiosas para nuestra vida, y algunas, incluso, pueden convertirse en influencias negativas que nos afecten en la salud, las relaciones y la productividad.

Una persona es mala influencia para las relaciones, cuando nos habla mal de otros amigos o familiares, cuando nos insta a maltratar a la pareja con indiferencia o agresividad, y nos manipula para que rompamos ciertas relaciones que para nosotros resultan valiosas y significativas.

Las personas de mala influencia suelen tener argumentos convincentes para lo que hacen o dicen. Pueden ser personas encantadoras y afectuosas, y así se ganan la complicidad de otros para sus desmanes. Sin embargo, si miras tus logros, notarás que tus familiares suelen estar desmembrados, y son los reyes de las excusas para justificar sus fracasos.

Piensa, pues, que es necesario e importante tener relaciones, que todas son favorables, que debemos actuar frente a las que nos afectan, y que sólo tú tienes la potestad de dirigir tu conducta, en vez de permitir que otros te conduzcan por caminos turbios, y te desvíen de lo que puede ser una experiencia gratificante plena de logros y de momentos felices.


Autor: Dr. Renny Yagosesky
Edición: Jose Luis